sábado, 07 de marzo de 2026

Kamasi y el evangelio cósmico del jazz. | Placeres culposos

No exagero si digo que Heaven and Earth me estremeció. No de tristeza, sino de asombro. ¿Quién puede sostener una narrativa emocional así, durante tanto tiempo, sin perder el rumbo?

Por: Nosotros WebStaff , En: Códigos de poder Opinión , Día Publicado: 23 agosto, 2025

David Vallejo

Su saxofón abre puertas que uno no sabía cerradas, multiplica los sentidos, convierte cada nota en un relámpago. No me llevó al jazz, me arrastró hacia otra dimensión donde lo espiritual y lo cósmico se funden con lo terrenal. Desde que descubrí a Kamasi Washington, la música dejó de ser compañía para convertirse en trance; hay quien dice que experimentó eso con el rock de antaño de Santana o Hendrix.

Lo escuché por primera vez en The Epic, ese debut monstruoso de tres horas que debería venir con advertencias en la portada: “Esto no es jazz de fondo. Esto es un viaje.” Un tríptico sonoro con tanta mística, energía e inteligencia, que sentí que me estaban revelando un libro sagrado y al mismo tiempo una rave astral. Supe que no estaba ante un saxofonista más. Estaba ante un brujo.

Kamasi es apenas dos años más joven que yo, pero parece tener la sabiduría de todos los Coltrane, los Rollins, los Pharoah Sanders de la historia. No solo por cómo toca, sino por cómo piensa la música. Por cómo la organiza, la amplía, la mezcla con funk, hip hop, psicodelia, orquesta, y aún así conserva ese latido primigenio del jazz. Ese fuego libre que arde cuando se improvisa con el alma y se escucha con el cuerpo entero.

No exagero si digo que Heaven and Earth me estremeció. No de tristeza, sino de asombro. ¿Quién puede sostener una narrativa emocional así, durante tanto tiempo, sin perder el rumbo? Kamasi. Que además se permite lanzar un EP como Harmony of Difference, una obra conceptual sobre la diversidad, donde cinco melodías dialogan, chocan, se perdonan, y se funden en una suite final que es como reconciliar a toda la humanidad en un saxofonazo. Dime qué otro jazzista de este siglo ha hecho eso.

Y luego vino Fearless Movement, su disco más reciente. Más corto, lo cual, en Kamasi, significa solo una hora y medio pero igual de poderoso. Lo escucho como si fuera funk místico, groove planetario. Invita a André 3000, George Clinton, Raphael Saadiq, a su hija y a su padre. ¿Quién hace eso? ¿Quién convierte un álbum en una danza intergeneracional que suena a revolución?

No soy un purista. No tengo la colección de Blue Note en vinil. Pero escuchando a Kamasi Washington me dan ganas de entender toda la genealogía del jazz solo para apreciar la forma en que él la destroza, la expande, la reconstruye. Le da una dimensión cósmica, política, familiar y tribal al jazz. Lo convierte en experiencia colectiva.

Su música es como entrar a una ceremonia. Hay tambores, hay rezos, hay gritos, hay saxofón incendiado, hay silencio… Y en medio de eso, uno siente algo raro. Como si estuviera asistiendo a una verdad antigua. Kamasi no improvisa para lucirse. Improvisa para abrir portales.

Lo escucho y pienso en el futuro. En un artista afroamericano que canaliza la tradición y la revienta en todos los sentidos. Un tipo que podría estar haciendo solos de ego, pero prefiere construir sinfonías colectivas. Que estudió en UCLA, que creció tocando en iglesias, que grabó con Kendrick Lamar y luego con su hija. Que todavía no tiene 45 y ya parece un oráculo.

Gracias, Kamasi. Por obligarme a evolucionar. Y sí, este año se presenta en CDMX.

Playlist recomendado: Change of the Guard, Truth, Clair de Lune, Street Fighter Mas, The Rhythm Changes, Final Thought, Henrietta Our Hero, Re Run Home, Askim, Prologue.

Henrietta Our Hero para Greis y Truth para Alo.

Crédito