sábado, 07 de marzo de 2026

Mecano cada fin de año.

Cada año ocurre lo mismo. Micrófono en mano, pantalla al frente, mi mujer elige la misma canción para cantar en…

Por: Nosotros WebStaff , En: Códigos de poder Opinión , Día Publicado: 2 enero, 2026

David Vallejo

Cada año ocurre lo mismo. Micrófono en mano, pantalla al frente, mi mujer elige la misma canción para cantar en karaokees. Un año más. La canta completa. Siempre. Y en ese gesto tan sencillo el calendario se ordena solo. El día último y el día primero quedan unidos por la misma melodía.

A partir de ahí el pensamiento va directo a Mecano.

No como recuerdo automático, sino como convicción. Mecano representa lo mejor que ha dado el pop en español. Por calidad. Por oficio. Por inteligencia. Por una manera de entender la música popular que nunca se conformó con sonar bien, sino con decir algo que valiera la pena.

Mientras ella canta, la memoria viaja. España aparece sin esfuerzo. Calles largas, bares pequeños, conversaciones que se estiran hasta que la noche decide terminar. Aparece Grecia. Mesas compartidas, voces mezcladas, canciones cantadas sin pedir permiso. En todos esos escenarios Mecano estaba presente, integrado al paisaje emocional, sin imponerse, sin estorbar.

Ese es uno de sus grandes méritos. Canciones que funcionan en lo íntimo y en lo colectivo. Letras que entran fácil y se quedan largo tiempo. Historias contadas con estructura, personajes y desenlace. Pop pensado, escrito y producido para resistir el paso del tiempo.

Ana Torroja puso una voz reconocible desde la primera sílaba. Los Cano escribieron desde lugares distintos, a veces tensos, y justo ahí apareció la riqueza. El resultado fue un catálogo sólido, coherente, con piezas que todavía hoy se sostienen sin maquillaje ni nostalgia forzada.

Y luego está Un año más.
Una canción construida con una inteligencia poco común. Empieza como crónica. Gente que llega. Gente que se va. Abrazos. Expectativa. Después avanza como conteo. Minutos. Segundos. El reloj convertido en pulso musical. El estribillo entra cuando todos ya están dentro de la escena. No ordena celebrar. Acompaña. Describe. Deja espacio para que cada quien coloque su propio balance del año que termina.

La genialidad está ahí. No promete nada. No empuja optimismo artificial. No dramatiza. Simplemente reconoce el instante exacto en que el tiempo cambia de nombre. Por eso funciona tan bien. Porque entiende el ritual mejor que cualquier brindis aprendido. Porque convierte una fecha en experiencia compartida. Porque sabe cerrar sin estridencia y abrir sin ingenuidad.

Por eso Mecano regresa cada cambio de año. No por costumbre vacía, sino porque supo hablar del tiempo, de los ciclos, de las despedidas y los comienzos. Porque sus canciones acompañan momentos reales. Porque siguen funcionando cuando se apaga el ruido.

Termina diciembre. Empieza enero. Mi mujer canta. Yo escucho. Y confirmo lo mismo cada vez. Algunas bandas forman parte de la educación sentimental. Mecano pertenece a ese grupo reducido.

Placer culposo ninguno.
Pop de alto nivel.
Del que se queda contigo.

Playlist recomendado: Cruz de navajas; Mujer contra mujer; Hijo de la Luna; La fuerza del destino; Un año más; El 7 de septiembre; Me cuesta tanto olvidarte; Aire; Ay qué pesado; Hoy no me puedo levantar; Barco a Venus; Dalí; No es serio este cementerio; Naturaleza muerta; y Aidalai.

Me cuesta tanto olvidarte para Greis e Hijo de la luna para Alo.

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