sábado, 07 de marzo de 2026

Phil, in the air.

Phil Collins llegó a mi vida antes de que entendiera qué significaba un gran músico, cuando su voz se mezclaba…

Por: Nosotros WebStaff , En: Códigos de poder Opinión , Día Publicado: 6 febrero, 2026

Phil Collins llegó a mi vida antes de que entendiera qué significaba un gran músico, cuando su voz se mezclaba con escenas domésticas y momentos cotidianos que parecían parte del fondo, pero que con el tiempo terminaron formando una memoria emocional persistente. Mucho antes de saber quién era Genesis o de distinguir a un baterista excepcional, su música ya ocupaba un lugar propio, discreto y constante, y solo con los años comprendí la razón, porque detrás de esas canciones habitaba un talento capaz de ser delicado y demoledor al mismo tiempo, sin necesidad de disfraces ni artificios. Nunca necesitó verse como estrella de rock, le bastaron una voz quebrada y una manera frontal de decir las cosas para conquistar al mundo en una época en la que la música todavía se imponía por sí misma.

Lo recuerdo con un asombro que sigue intacto, sentado detrás de la batería como si el instrumento fuera una prolongación natural del cuerpo, tocando con una precisión orgánica que parecía surgir del alma sin esfuerzo aparente, y luego, sin cambiar de lugar, comenzando a cantar con una naturalidad que desarmaba cualquier pose. In the Air Tonight pertenece a esa estirpe de canciones irrepetibles, construidas sobre una tensión que se acumula con paciencia hasta volverse física, hasta que la batería irrumpe como una revelación que redefine todo lo anterior y se queda grabada para siempre en la historia de la música. Quien ha vivido ese momento en directo lo entiende de inmediato, y quien aún no lo ha hecho solo necesita escucharlo con audífonos para sentir cómo el cuerpo responde sin pedir permiso.

Sus primeros años transcurrieron en Genesis, cuando Peter Gabriel ocupaba el centro de la escena y Collins parecía destinado a un segundo plano, aunque la salida de Gabriel terminó por volverlo inevitable. Su voz áspera, el tono melancólico y la manera de narrar el desamor como si ocurriera en tiempo real, con una franqueza que rozaba lo incómodo, terminaron por conquistar al planeta. Follow You Follow Me, Turn It On Again, Mama conforman un repertorio que abruma por amplitud y solidez, mientras su capacidad para componer, grabar y girar sin pausa resulta casi inconcebible desde la perspectiva actual, con discos solistas apareciendo prácticamente uno por año durante los ochenta. Face Value, Hello, I Must Be Going!, No Jacket Required y …But Seriously se mueven con naturalidad entre el pop, el soul, la tristeza y la euforia, y terminaron por definir el sonido emocional de toda una década.

Productor, baterista de jazz, colaborador cercano de figuras como Eric Clapton y Robert Plant, actor ocasional y voz esencial en películas de Disney, su carrera se expandió sin perder coherencia, y con Tarzán ocurrió algo especialmente revelador. Compuso y cantó toda la banda sonora, integrándola al corazón mismo de la película y convirtiéndola en una experiencia emocional completa. El Oscar resultó inevitable, porque You’ll Be In My Heart superó cualquier etiqueta infantil para convertirse en una declaración de amor absoluta, coronando una trayectoria llena de Grammys y reconocimientos que siempre parecieron incomodarlo, como si el brillo superficial fuera apenas una consecuencia secundaria de trabajar con honestidad.

Durante los años ochenta logró algo verdaderamente extraordinario, con una música presente en todas partes que conservó intacta su autenticidad, más de ciento cincuenta millones de discos vendidos, estadios llenos y una participación en Live Aid en Londres y Filadelfia el mismo día, cruzando el Atlántico en un Concorde porque la época y el personaje lo permitían. Tocaba la batería con una postura casi encorvada, fundido con el instrumento, sin acrobacias ni gestos grandilocuentes, dejando claro que todo surgía desde un lugar más profundo que la técnica misma.

Y aunque mis gustos musicales se desplazan hacia territorios mucho más ásperos, sigo derritiéndome con Another Day in Paradise, Take Me Home o Against All Odds, porque la discusión jamás ha girado en torno a géneros, sino a la verdad que una canción es capaz de transmitir. La música de Collins posee esa cualidad extraña de sonar sencilla mientras esconde una complejidad emocional enorme, sostenida con discreción y precisión.

Tal vez por eso su música resulta especialmente cercana en estas semanas, cuando las canciones que hablan de afecto, compañía y fragilidad encuentran un eco distinto, más atento, como si el calendario también pidiera escuchar con el corazón un poco más abierto.

Con frecuencia regreso a aquel disco del carrusel en la portada, tan visualmente infantil como emocionalmente demoledor, porque Collins tenía la capacidad de tomar lo cotidiano y volverlo eterno. Recuerdo la última vez que lo vi en vivo, ya sentado, sin posibilidad de levantarse, con la voz intacta mientras su hijo ocupaba la batería, y recuerdo también la gran emoción que llegó como un gesto de gratitud, porque pocos artistas consiguen algo así, hacer sentir que su vida también ha sido parte de la nuestra.

Hoy permanece lejos del escenario y aun así persiste el deseo de escuchar un disco más, tal vez de él, tal vez de Billy Joel, uno adicional que confirme que ciertos genios simplemente saben conmover. El cuerpo envejece, la voz permanece, y mientras eso ocurra seguiré escuchándolo, agradecido de haber vivido en la época en la que un hombre de apariencia cotidiana y alma inmensa conquistó al mundo con ritmo, melodía y emoción.

Playlist recomendado para la ocasión: In the Air Tonight, Against All Odds, Another Day in Paradise, Take Me Home, One More Night, You’ll Be In My Heart, Easy Lover, Sussudio, Follow You Follow Me, Turn It On Again, Mama, Invisible Touch, Land of Confusion, That’s All y I Can’t Dance.

Against All Odds para Greis y You’ll Be In My Heart para Alo.

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