La serenidad del genio.
“Silencio. Que alguien pronuncie la palabra silencio y el silencio ocurrió”. La línea pertenece a Silencio y resume con precisión…

“Silencio.
Que alguien pronuncie la palabra silencio
y el silencio ocurrió”.
La línea pertenece a Silencio y resume con precisión el territorio artístico de Jorge Drexler. Un compositor capaz de convertir una palabra sencilla en un universo entero de significados. Cada vez que escucho su música me ocurre algo curioso. La primera impresión resulta casi engañosa. Pienso que tiene una de las voces más tranquilas que existen dentro de la música popular, una voz que jamás compite con la intensidad de otros cantantes, una voz que parece hablar en lugar de cantar, que avanza con una serenidad casi científica. Sin embargo, unos minutos después aparece aquello que vuelve irrelevante cualquier juicio superficial. Su genio creativo, la precisión de su escritura, la inteligencia de sus ideas y la arquitectura musical que sostiene cada canción. Entonces el veredicto cambia por completo. Ese conjunto de imaginación, cultura musical y sensibilidad poética forma un combo extraordinario que lo convierte en uno de mis artistas favoritos y en uno de los músicos que más escucho.
La historia de Drexler posee una estructura improbable, casi literaria. Nació en Montevideo en 1964 dentro de una familia atravesada por las grandes migraciones del siglo XX. Su padre, judío alemán, emigró hacia Uruguay para escapar del nazismo. En ese cruce de historias europeas y latinoamericanas creció un joven que durante años pensó que su destino estaba en la medicina. Estudió para convertirse en otorrinolaringólogo y llegó a ejercer la profesión con dedicación. Durante el día atendía pacientes y examinaba gargantas. Durante la noche escribía canciones. En esa doble vida comenzó a formarse uno de los compositores más singulares de la música en español.
El punto de inflexión llegó cuando el director de cine Fernando Trueba descubrió su música y lo invitó a trasladarse a España. Aquella decisión cambió su vida. Madrid se convirtió en el centro de su carrera artística y desde ahí su obra comenzó a expandirse hacia América Latina y Europa. A partir de ese momento Drexler desarrolló una trayectoria musical imposible de encasillar dentro de un género específico. En su repertorio conviven el folk latinoamericano, la bossa nova brasileña, el pop acústico europeo, la electrónica minimalista y una constante exploración rítmica vinculada con tradiciones africanas.
Esa mezcla de tradiciones explica la singularidad de canciones como Todo se transforma, una pieza donde la poesía y la física dialogan con naturalidad. La canción describe el principio de conservación de la energía a través de una cadena de transformaciones humanas. En otras composiciones, como Universos paralelos, aparece la imaginación científica aplicada al amor y a las posibilidades infinitas de la vida.
Su discografía refleja una evolución constante. Álbumes como Frontera, Sea o Eco consolidaron su reputación como uno de los compositores más sofisticados de la música latinoamericana contemporánea. En 2005 su canción Al otro lado del río, escrita para la película The Motorcycle Diaries, obtuvo el Óscar a mejor canción original. Fue la primera canción en español en recibir ese premio. Durante la ceremonia ocurrió una escena peculiar. Los organizadores decidieron que Drexler no interpretaría su propia composición en el escenario. La canción fue cantada por Antonio Banderas junto a Carlos Santana. Cuando Drexler subió a recibir la estatuilla respondió con un gesto memorable. Cantó a capela un fragmento de su canción frente al auditorio. Un momento de elegancia y autenticidad que resumía su estilo artístico.
Las letras de Drexler poseen una característica inusual dentro de la música popular. Funcionan como pequeñas piezas de pensamiento. Hablan de biología, evolución, migraciones humanas, identidad cultural y memoria. En Movimiento aparece una idea poderosa. La humanidad entendida como un flujo permanente de desplazamientos a lo largo de miles de años. Esa mirada revela su curiosidad intelectual. Drexler mantiene un interés constante por la ciencia, la neurociencia y las estructuras matemáticas aplicadas a la música. En varios proyectos ha explorado incluso formatos creativos vinculados con tecnología digital y algoritmos.
Ese camino creativo alcanza una nueva etapa con Taracá, el álbum publicado la semana pasada y grabado en gran parte en Montevideo. El disco se sostiene sobre una idea rítmica muy poderosa. El candombe uruguayo aparece como columna vertebral sonora y establece un diálogo profundo entre la tradición afro del Río de la Plata y la sensibilidad contemporánea. Desde la primera escucha se percibe una energía distinta dentro de su discografía. La percusión adquiere un papel central, los tambores marcan el pulso de varias canciones y el ritmo se convierte en una forma de memoria cultural. En varias piezas se percibe también una reflexión íntima sobre el paso del tiempo y sobre los cambios que llegan cuando uno descubre que la vida continúa avanzando hacia otra etapa.
El resultado es un disco vibrante, profundamente humano y musicalmente elegante. Un trabajo que confirma algo que siempre termina imponiéndose cuando uno escucha a Drexler con atención. Detrás de esa voz aparentemente discreta existe uno de los compositores más originales de la música contemporánea en español. Hasta ahora mi disco favorito del 2026 en español. Todas sus piezas son geniales, originales y memorables.
Por eso cada vez que escucho a Jorge Drexler ocurre lo mismo. La primera impresión sugiere una voz tranquila que avanza sin estridencias. Unos minutos después aparece una obra llena de inteligencia, poesía y belleza musical. Y entonces la conclusión resulta inevitable. Esa serenidad inicial forma parte de su magia. Dentro de esa voz habita una de las mentes más brillantes de la canción latinoamericana.
Playlist recomendado: Todo se transforma, Movimiento, Al otro lado del río, La edad del cielo, Universos paralelos, Silencio, La trama y el desenlace, El día que estrenaste el mundo, Fusión, Asilo, Telefonía, Cinturón blanco, Toco madera, Milonga del moro judío, Sea, Horas, Te llevo tatuada, ¿Qué será que es? y Ante la duda, baila.
¿Qué será que es? para Greis y El día que estrenaste el mundo para Alo.
