El rey…del pop.
Michael Jackson pertenece a ese territorio incómodo donde conviven la fascinación artística y la controversia permanente. Aunque incluso dentro de ese debate existe algo imposible de negar. Cambió la música popular para siempre.

Salí del cine con una mezcla de asombro, nostalgia y melancolía. La película Michael revive discusiones interminables, recuerdos personales, heridas públicas y una verdad artística imposible de borrar. Michael Jackson fue el rey del pop. El tiempo podrá modificar sensibilidades, reordenar juicios históricos o transformar parámetros culturales, aunque resulta prácticamente imposible alterar el tamaño de su impacto.
Siempre me ha intrigado la discusión sobre si una obra puede separarse de su creador. Pienso que sí. De otra manera resultaría imposible admirar los cuadros de Caravaggio, emocionarse con la genialidad cinematográfica de Roman Polanski o reconocer la revolución artística de Picasso. La historia del arte está llena de seres humanos complejos, contradictorios, luminosos y oscuros al mismo tiempo. A veces el talento aparece acompañado de una vida rota. En ocasiones la genialidad convive con impulsos destructivos. La condición humana jamás ha sido limpia, ni sencilla.
Michael Jackson pertenece a ese territorio incómodo donde conviven la fascinación artística y la controversia permanente. Aunque incluso dentro de ese debate existe algo imposible de negar. Cambió la música popular para siempre.
Recuerdo perfectamente la primera vez que vi Thriller. Era un niño y aquello parecía llegado desde otro planeta. Ese videoclip dirigido por John Landis transformó la música en cine. Trece minutos de zombis, maquillaje, coreografías imposibles y una atmósfera oscura que terminó convertida en rito generacional. Años después lo volvió a hacer con Black or White y el asombro volvió a instalarse frente al televisor. El rostro transformándose entre distintas razas y culturas parecía un mensaje futurista en una época donde MTV todavía definía conversaciones globales.
Durante años quise una chamarra roja parecida a la de Thriller. Muchos niños de aquella generación también la quisieron. Michael Jackson convirtió prendas de vestir en símbolos culturales. El guante brillante, los calcetines blancos, el sombrero negro, las cintas en los dedos, la inclinación imposible de Smooth Criminal. Cada detalle terminaba convertido en parte de una mitología mundial.
Su aparición en el Super Bowl de 1993 redefinió para siempre el espectáculo de medio tiempo. Antes de Michael existía una presentación musical. Después de Michael nació un acontecimiento global. Permaneció inmóvil durante casi dos minutos mientras el estadio entero gritaba. Ese nivel de dominio escénico pertenecía a otra dimensión. Prince ofreció una presentación histórica años después. Recientemente Bad Bunny elevó el formato. Kendrick Lamar aportó otra narrativa cultural. Aunque el molde moderno nació aquella tarde con Michael Jackson.
También recuerdo como en México quedó grabada su llegada al Estadio Azteca en 1993. Cerca de medio millón de personas asistieron a aquellos conciertos. Para muchos mexicanos representó la primera experiencia de un espectáculo verdaderamente gigantesco. Una figura casi mitológica aterrizando en un escenario nacional.
Después llegó aquella madrugada de 2009. Recuerdo perfectamente el instante en que comenzó a circular la noticia de su muerte. El mundo entero pareció detenerse. Resultaba difícil comprender que alguien tan presente en la cultura global pudiera desaparecer de repente. Poco tiempo después apareció This Is It, la película construida con los ensayos de la gira que jamás ocurrió. Y quizá allí apareció la parte más dolorosa de toda su historia. Michael seguía siendo extraordinario. Seguía moviéndose con una precisión imposible para alguien de cincuenta años. Seguía corrigiendo músicos, diseñando luces, pensando coreografías y buscando perfección absoluta. Parecía vivir dentro de una obsesión artística permanente.
Ese perfeccionismo explica parte de su grandeza. Thriller continúa siendo el disco más vendido de todos los tiempos. Billie Jean revolucionó el bajo en el pop contemporáneo. Beat It unió rock y música negra con Eddie Van Halen en la guitarra. Bad convirtió la agresividad escénica en elegancia coreográfica. Man in the Mirror alcanzó una dimensión espiritual pocas veces vista dentro del pop. Earth Song anticipó preocupaciones ambientales décadas antes de convertirse en tema central global.
Qué decir de We Are the World. Resulta imposible entender la cultura popular de los años ochenta sin aquella noche. Michael Jackson y Lionel Richie escribiendo una canción destinada a combatir la hambruna en África. Quincy Jones reuniendo a las voces más importantes del planeta dentro de un mismo estudio. Dylan inseguro, Springsteen rugiendo frente al micrófono y Stevie Wonder intentando relajar el ambiente. Aquello representaba algo distinto a una grabación, parecía una ceremonia cultural.
Michael también abrió puertas invisibles. MTV prácticamente evitaba artistas negros en alta rotación antes de Billie Jean. El éxito masivo del video obligó a transformar criterios dentro de la industria. Su impacto ayudó a modificar dinámicas raciales dentro de la televisión musical global.
Después llegaron otros gigantes del pop. Bruno Mars entendió la mezcla entre espectáculo, nostalgia funk y perfección musical. Han surgido enormes, talentosos, impresionantes. Aunque ciertas coronas aparecen una vez por generación. Algunos músicos dominan rankings. Otros definen épocas completas como Michael Jackson.
La película despertó recuerdos personales que permanecían guardados en algún rincón de la infancia. La chamarra roja, los intentos absurdos de hacer el moonwalk sobre el piso de la casa y la impresión de ver a miles de personas desmayarse durante sus conciertos. El descubrimiento de que una canción podía convertirse en cine, danza y fenómeno cultural al mismo tiempo. Por eso sigue siendo el rey del pop. Porque incluso décadas después de su muerte continúa provocando discusiones, emociones, recuerdos y asombro.
Michael Jackson, el rey del pop, dejó una huella en la memoria emocional del planeta entero.
Playlist recomendado: Billie Jean, Thriller, Beat It, Smooth Criminal, Man in the Mirror, Black or White, Bad, Don’t Stop ’Til You Get Enough, Rock With You, Human Nature, The Way You Make Me Feel, Remember the Time, Dirty Diana, Heal the World y Earth Song.
The Lady in my Life para Greis y Childhood para Alo.
