Todos nos sabemos una de Maná.
Opinión Códigos de Poder por David Vallejo Es el grupo de rock latinoamericano más exitoso de la historia. Y sí,…
Es el grupo de rock latinoamericano más exitoso de la historia. Y sí, antes de que alguien levante la mano, acepto que en influencia cultural continental probablemente Soda Stereo ocupe el primer lugar. Después de ellos, la conversación se vuelve mucho más sencilla. Ahí aparece Maná.
Durante años resultó casi obligatorio criticarlos. Demasiado comerciales para algunos, demasiado románticos para otros, incluso demasiado populares para los guardianes de la pureza rockera. Mientras los críticos discuten su lugar en la historia, millones de personas siguen cantando sus canciones de memoria.
Mi generación creció con Maná. Recuerdo escuchar sus primeros discos durante la secundaria. Aquellas canciones estaban en todas partes, en la radio, en las fiestas, en los viajes familiares, en los casetes grabados entre amigos. Y cuando años después viví en España descubrí algo que en México pocas veces dimensionamos. Para buena parte del público europeo, Maná era México. El grupo mexicano más exitoso, más conocido y más escuchado.
Su irrupción refrescó al rock en español. Tomaron elementos del rock clásico, del pop, del reggae, de la música latina y de las baladas románticas para construir un sonido accesible, pegajoso y extraordinariamente eficaz. Pocas bandas han escrito tantas canciones memorables.
Basta revisar sus primeros discos para encontrar una colección difícil de igualar. Rayando el Sol, Oye Mi Amor, Vivir sin Aire, Cómo te Deseo, De Pies a Cabeza, Clavado en un Bar, En el Muelle de San Blas, Labios Compartidos, Mariposa Traicionera, Bendita tu Luz, Eres mi Religión. La lista parece interminable. Muchas de ellas dejaron de pertenecer a la banda hace tiempo para convertirse en parte de la memoria colectiva de México.
Las críticas tampoco se limitan a la música. Fher Olvera y la banda han asumido posiciones públicas en temas ambientales, migratorios y sociales. Esa actitud les ha generado detractores. A mí me ocurre exactamente lo contrario. Siempre he admirado a los artistas que utilizan su notoriedad para defender causas en las que creen. U2 recibió críticas similares durante décadas y eso jamás disminuyó la importancia de su legado. El arte puede convivir perfectamente con el compromiso.
También resulta fascinante la historia de la banda. Nacieron en Guadalajara bajo otro nombre, Sombrero Verde, antes de transformarse en Maná. Fher Olvera se convirtió en una de las voces más reconocibles del continente. Alex González elevó la batería del rock latino a otro nivel. Sergio Vallín aportó una elegancia guitarrística que terminó definiendo buena parte del sonido del grupo. Juan Calleros permaneció como uno de los pilares silenciosos de una maquinaria que lleva casi cuatro décadas funcionando. En realidad, Maná está conformado por músicos extraordinarios que podrían haber optado por caminos mucho más complejos desde el punto de vista técnico. Prefirieron construir himnos y terminaron escribiendo algunos de los más importantes de la música popular mexicana.
Los números son impresionantes. Decenas de millones de discos vendidos. Estadios llenos en América y Europa, récords de asistencia en Los Ángeles, premios Grammy y Latin Grammy, y generaciones enteras cantando canciones publicadas hace treinta años con la misma intensidad que el primer día.
Sin embargo, la mejor medida de su éxito nunca ha estado en los premios ni en las ventas. Hace unos días revisaba el repertorio de algunos de sus conciertos recientes para ver si me animo a verlos en el Estadio GNP de la Ciudad de México a finales de año. Me ocurrió algo poco frecuente. Conocía todas las canciones. Absolutamente todas. Y eso me llevó a una conclusión inesperada. Maná ni siquiera figura entre mis grupos favoritos y, aun así, probablemente es la banda en español de la que conozco más canciones de memoria. Seguramente podría cantar casi todos los coros sin equivocarme. Y sospecho que a millones de latinoamericanos les ocurre exactamente lo mismo.
Por eso vale la pena reivindicarlos. Porque más allá de filias, fobias o debates estéticos, muy pocas bandas consiguen acompañar la vida de una persona durante cuarenta años. Muy pocas logran que padres, hijos y nietos compartan las mismas canciones. Muy pocas construyen un repertorio capaz de sobrevivir generaciones enteras. Muy pocas escriben canciones que terminan formando parte de la biografía sentimental de un país. Maná lo consiguió a partir de trabajo, disciplina, talento y una capacidad extraordinaria para conectar con millones de personas.
Espero asistir a alguno de sus conciertos. Tengo la impresión de que, cuando llegue ese momento, descubriré algo que ya sospecho. Que ningún grupo mexicano logra que tantas personas canten al unísono durante dos horas. Que pocas bandas pueden presumir un repertorio tan reconocible. Y que, al final, los críticos podrán seguir discutiendo sobre su lugar en la historia, pero el público ya emitió su veredicto hace décadas.
Porque todos nos sabemos una de Maná. Y la mayoría nos sabemos muchas más.
Playlist recomendado: Rayando el Sol, Oye Mi Amor, Vivir sin Aire, Cómo te Deseo, De Pies a Cabeza, En el Muelle de San Blas, Clavado en un Bar, Mariposa Traicionera, Labios Compartidos, Bendita Tu Luz, Eres Mi Religión, El Verdadero Amor Perdona, Se Me Olvidó Otra Vez, Te Lloré un Río, Corazón Espinado, Ángel de Amor, Cuando los Ángeles Lloran, Héchicera, Manda una Señal y No Ha Parado de Llover.
Eres mi Religión para Greis y Bendita tu Luz para Alo.
