sábado, 04 de julio de 2026

Este fin, solo música de los Fernández.

Opinión Códigos de Poder por David Vallejo Este fin de semana México se juega el pase a cuartos de final…

Por: Nosotros WebStaff , En: Códigos de poder Opinión , Día Publicado: 3 julio, 2026

David Vallejo
Opinión
Códigos de Poder
por David Vallejo

Este fin de semana México se juega el pase a cuartos de final frente a Inglaterra, dejó Xalapa y me llevo agradecimiento, sueños y esperanzas a Altamira, Tamaulipas. Cualquier otro sábado habría encontrado algún pretexto para hablar de The Beatles, de Led Zeppelin, de Queen o de The Cure, bandas que forman parte de la banda sonora de mi vida. Esta vez el ánimo pide otra cosa. Esta vez corresponde abrir la puerta, servir un tequila, dejar cerca un mezcal para cuando llegue la madrugada y permitir que Vicente Fernández y Alejandro Fernández ocupen cada rincón del nuevo hogar. Será un ritual de bendición para exorcizar el pesimismo.

En fin, creo que pocas familias han logrado contar la historia sentimental de un país entero. Los Fernández pertenecen a esa categoría reservada para quienes dejan de ser artistas y terminan convertidos en patrimonio emocional. Vicente tomó la ranchera que venía de José Alfredo Jiménez, de Cuco Sánchez, de Tomás Méndez y de tantos gigantes, la llevó a los palenques, a las plazas, a los estadios y a millones de hogares donde cada canción acabó formando parte de una conversación familiar. Alejandro recibió ese legado con la responsabilidad que supone cargar un apellido inmenso y encontró un camino propio, abrazando el mariachi con el mismo respeto con el que abrió espacio para la balada romántica, acercando esa tradición a generaciones que crecieron entre guitarras eléctricas y discos compactos.

Entre mis discos favoritos en español aparecen tres obras que regreso a escuchar con frecuencia. El extraordinario En Vivo desde Madrid de Alejandro Fernández, donde cada interpretación parece construida para un teatro entero que respira al mismo tiempo, el inolvidable doble álbum Un Canto a México en Bellas Artes, también de Alejandro Fernández, una grabación que consiguió algo reservado para muy pocos artistas, llevar la música ranchera al recinto cultural más importante del país sin perder un solo gramo de autenticidad, y Un Azteca en el Azteca de Vicente Fernández, la despedida de un hombre que decidió convertir el estadio más grande del país en una enorme sala donde millones terminaron cantando con él. Cada vez que vuelvo a ellos encuentro detalles distintos, silencios que dicen tanto como las notas y una certeza permanente acerca de la enorme riqueza musical de México.

Hace muchos años tuve la fortuna de escuchar a Vicente en un palenque. Desde pequeño había oído aquella historia que aseguraba que seguía cantando mientras el público siguiera aplaudiendo. Pensé que pertenecía al territorio de las exageraciones que acompañan a las leyendas populares. Aquella noche entendí que era completamente cierta. Canción tras canción aparecía un nuevo aplauso, llegaba otro tequila. En algún momento dejó el micrófono y permitió que la potencia de aquella voz recorriera el recinto entero sin ayuda alguna. El silencio que produjo aquel instante todavía vive intacto en mi memoria. Aquello dejó de parecer un concierto para convertirse en una celebración compartida entre miles de personas que conocían cada palabra desde mucho antes de llegar.

Con Alejandro guardo un recuerdo distinto. Grecia era mi novia. Llegamos convencidos de escuchar las baladas tan de moda en ese entonces y terminamos abrazados intentando cantar entre beso y beso con miles de desconocidos que atestiguaban el inicio de nuestra historia. Resulta difícil explicar lo que ocurre cuando un concierto consigue borrar las diferencias de edad, oficio, origen o ideología y convierte una arena completa en una enorme sobremesa mexicana donde cualquiera puede cantar con el corazón abierto.

Con el tiempo descubrí que también escucho a los Fernández de maneras distintas. Busco a Chente cuando el corazón se detiene, cuando la nostalgia ocupa demasiado espacio o cuando alguna ausencia decide sentarse a la mesa. Alejandro aparece cuando el corazón late con fuerza, cuando el amor encuentra palabras, cuando la ilusión vuelve a hacer planes o la vida invita a brindar. Entre los dos terminaron acompañando casi todos los estados del alma.

Cada intérprete encuentra canciones destinadas a vivir para siempre. Nadie canta El Rey, La Ley del Monte, Hermoso Cariño, Mujeres Divinas, Acá Entre Nos y Volver, Volver como Chente. Cada palabra parece nacida dentro de esa voz que convirtió el orgullo, la derrota y la esperanza en una misma emoción. Del mismo modo, resulta imposible escuchar Como Yo Te Amé, Amanecí Entre Tus Brazos, Fallaste Corazón, De Qué Manera Te Olvido o México Lindo y Querido, sin reconocer que Alejandro encontró una forma propia de habitar esas canciones, heredando la tradición sin intentar copiarla jamás. Cada generación terminó encontrando a su Fernández y, al final, ambas generaciones acabaron encontrándose alrededor de las mismas melodías.

Existe una razón por la que la música mexicana consigue atravesar fronteras sin necesidad de traducciones. En cada ranchera caben la infancia, el primer amor, la ausencia, la mesa familiar, la tierra que uno extraña cuando vive lejos y la alegría sencilla de brindar con quienes siguen ocupando un lugar alrededor de nosotros. Pocas expresiones artísticas consiguen abrazar la vida completa con semejante naturalidad.

Durante los próximos días el futbol ocupará conversaciones, pantallas y pronósticos. Inglaterra representa uno de los grandes desafíos que puede ofrecer una Copa del Mundo y cualquier historia deportiva necesita también una banda sonora capaz de sostener la emoción. La mía llevará apellido Fernández.

Este fin de semana escucharé únicamente a Vicente y Alejandro. Habrá un poquito de tequila, un poco de mezcal y una enorme esperanza de mirar a México avanzar otra ronda y de iniciar una nueva etapa volviendo al origen, acompañado por esas voces que desde hace décadas encontraron la manera de recordarnos quiénes somos incluso cuando la emoción vuelve imposible encontrar las palabras.

Y si sí. ¡Que viva México!

Playlist recomendado. Volver, Volver, Acá Entre Nos, Por Tu Maldito Amor, El Rey, Hermoso Cariño, La Ley del Monte, Mujeres Divinas, Estos Celos, De Qué Manera Te Olvido, Un Millón de Primaveras, Lástima Que Seas Ajena, La Derrota, A Mi Manera, El Hijo del Pueblo, Amanecí Entre Tus Brazos, Fallaste Corazón, Las Llaves de Mi Alma, Motivos, Bohemio de Afición, Como Quien Pierde Una Estrella, Me Dediqué a Perderte, Si Tú Supieras, Nube Viajera, Yo Te Amé, Qué Voy a Hacer con Mi Amor, Canta Corazón y México Lindo y Querido.

Como Yo Te Amé para Greis y Un Millón de Primaveras para Alo.