¿Qué diría Don Justo Sierra al enterarse de que, el proyecto de la Universidad Nacional Autónoma de México, heredada de tiempos de San Porfirio Díaz, es hoy el hazmerreír en el mundo de la academia en el territorio de la educación superior del planeta Tierra?
¿En qué momento nuevamente la UNAM se convirtió en un fraude de seriedad educativa, llena de parches que nos hacen recordar que en los ochentas, los medios escritos de la capital nacional decían: “Se solicita abogado —es un ejemplo—, egresados de la UNAM abstenerse”?
La verdad es que no sé si era broma, pero de que estos ojos lo leyeron, no dudo de mis capacidades lectoras en una de mis visitas al Distrito Federal de adolescente.
Lo digo con la certeza de que a este mismo cuerpo le ha tocado infartarse al ver cómo a instituciones como el Instituto Politécnico Nacional le tienen un dejar hacer como para que me conste que, en los descansos largos o inasistencias de docentes, para el relax los chavos se echan un “churrumais” o una “cervatana” bajo la cobardía de las direcciones de las facultades, que le juegan políticamente al burro miope.
En fin, lo decimos con pesar, considerando que si la UNAM quiere limpiar su honor, luego del escándalo del examen fraudulento en línea, mínimamente el rector Leonardo Lomelí Vanegas debería poner su cabeza en la guillotina para evitar seguir con la pena de maromear responsabilidades.
En lo personal, la renuncia de Patricia Dávila como secretaria general de la Máxima Casa de Estudios no es suficiente para lavar el rostro de la que es “una de las 10 mejores universidades de América Latina”.
Tampoco es suficiente la llegada de Javier de la Fuente Hernández como nuevo secretario general en medio de la controversia por las irregularidades detectadas en los exámenes de admisión a la licenciatura 2026, en un asunto donde solamente falta que, por el signo de estos tiempos, los culpables sean los miles de jóvenes que buscan ingresar a una institución donde no tienen piso parejo, pues ser parte del Sistema UNAM les da garantías de acceso automático.
Por eso surgen muchas dudas sobre el hecho de que la institución esté programando un examen de control presencial, luego de que 158 mil 712 aspirantes lo hicieron por Internet y bajo la sospecha de que muchos hicieron trampa para brincarse un examen filtrado por la inteligencia artificial.
De los mencionados en medio del escándalo, más de 100 mil, es decir, el 63.5 %, no serán convocados a la nueva evaluación.
De cualquier forma, lo sucedido es vomitable porque exhibe que en la UNAM el prestigio académico lo han soltado de la mano el compromiso y la calidad.
¿Por qué la CHILANGA UNAM sí puede tener de todo, hasta vientos de cinismo y de personas, y las Universidades Autónomas Estatales tienen que hacer la tarea con seriedad?
Aquí les quiero dar un dato que es importante. ¿Sabían que en Tamaulipas, en lo que nos consta, existe una facultad en la que para ingresar los interesados tienen que someterse a 7 exámenes, más uno intermedio para valorar la pertinencia de si continúan con la carrera?
Me refiero a la Facultad de Medicina de Tampico, donde se realiza el normal psicométrico, los de los cuatro módulos propedéuticos, el general de los 4, además del nacional EXANI-II, creado por el Ceneval, es decir, el del Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior.
¿Contaron bien? Esto pasa en la UAT, cuyo rector es Dámaso Anaya, y créame que, cuando estén en el consultorio de los egresados de esa facultad seguro tendrán la certeza de que los alumnos del Dr. Raúl de León Escobedo son profesionales en su área indicada, porque en la facultad Dr. Alberto Romo Caballero no les dejan pasar nada.
Así que mientras desde aquí demandamos justicia académica en la UNAM, va mi reconocimiento al rector de la UAT y al director de la Facultad de Medicina de Tampico.
Como bien ponderó el queridísimo Dr. De León: “vivimos en un continuo proceso de transformación, al que nos uniremos con equilibrio, juicio e inteligencia, en cada una de las vertientes que promuevan mayores posibilidades, a las que nos reflejen estatus más convenientes y progresistas, a través de un vigoroso vínculo emocional, creativo, sensible y receptivo entre la comunidad de nuestra facultad”.
Como observan, hablo de lo que me consta y por eso mismo, en el tema UNAM, da coraje que los papeles que cuelgan en su rectoría no correspondan a la grandeza que se patea y se justifica a salivazos.
Amigos de la UNAM, por la mediocridad de sus directivos no debe hablar el espíritu de los mexicanos que saben que la educación superior merece respeto.
Nostra Política: Duele pensar que lo que sucede en México son casualidades.
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