sábado, 07 de marzo de 2026

Def Leppard. Histeria y redención. | Placeres culposos.

Lo sobrevivió todo. Es una criatura melódica nacida en el acero de Sheffield, que convirtió los excesos en arte y los coros en multitudes.

Por: Nosotros WebStaff , En: Códigos de poder Opinión , Día Publicado: 2 agosto, 2025

David Vallejo

Def Leppard es la banda de hard rock melódico que sobrevive con mayor dignidad desde la época de los 80. Sobrevivió al disco, punk, grunge, rap, hip hop, pop y reguetón. Lo sobrevivió todo. Es una criatura melódica nacida en el acero de Sheffield, que convirtió los excesos en arte y los coros en multitudes. Su historia vibra entre la resistencia y la euforia, entre el dolor y el brillo, como una explosión de energía contenida que sigue sonando con la misma fuerza con que fue creada. Porque lo suyo nunca fue parecer rebeldes: fue lograr que todos quisieran cantar con ellos.

Corría 1977. En Inglaterra el punk escupía sobre todo lo establecido y el heavy metal afilaba sus colmillos. Pero cinco adolescentes querían otra cosa: hacer canciones que no destruyeran el mundo, sino que lo hicieran cantar. Así nació Def Leppard, con un nombre pegajoso sin sentido, “leopardo sordo”, con coros épicos, riffs contagiosos y corazones más grandes que los escenarios.

Su salto llegó con Pyromania (1983), un disco tan pegajoso como incendiario. “Photograph” era puro deseo convertido en electricidad, y “Rock of Ages” sonaba como si un cometa aterrizara en una fiesta. En Estados Unidos vendieron diez millones de copias. En el Reino Unido, todavía dudaban entre amarlos u odiarlos. Pero eso quedaba al margen. Ellos ya estaban jugando en ligas de dioses.

Y entonces llegó Hysteria (1987). Un título premonitorio. El proceso fue una odisea de tres años, marcada por uno de los capítulos más conmovedores en la historia del rock: el baterista Rick Allen, de apenas 21 años, perdió el brazo izquierdo en un accidente de auto. Las probabilidades jugaban en su contra. Pero él volvió. Con una batería electrónica adaptada, desarrolló una técnica inédita y tocó con una precisión y energía que pocos alcanzan con ambos brazos. Cuando se presentó de nuevo en vivo en 1985, el público lloró de pie. Él había alcanzado algo que trasciende la admiración: la eternidad.

Hysteria es un monumento del rock de estadio. Con siete sencillos exitosos, entre ellos “Love Bites” (su único #1 en EE.UU.), “Animal” y “Pour Some Sugar on Me”, redefinieron el sonido del rock masivo. Mutt Lange, el productor, se obsesionó tanto con la perfección que grabó hasta cien capas vocales para lograr esos coros que parecían construidos por arquitectos celestiales.

Pero la historia continuó más allá de los fuegos artificiales. La muerte de Steve Clark en 1991 por una combinación de alcohol y medicamentos fue otro golpe brutal. Su guitarra, de un lirismo feroz, era parte del alma de la banda. Sin embargo, su espíritu siguió vivo en Adrenalize, un disco que arrasó las listas en plena era del grunge, como un grito de resistencia del hard rock frente a la marea de la tristeza.

Lo admirable es que se mantuvieron unidos. Mientras muchas bandas de su generación se quebraban entre egos, demandas o decadencia, Def Leppard persistió como un bloque de acero. Phil Collen, Vivian Campbell (ex-Dio), Rick Savage y Joe Elliott siguen girando con la energía de quienes saben que el escenario es su casa. Incluso enfrentando el cáncer o la distonía focal, siguen tocando sin playback, sin trucos.

Y aunque algunos los sitúan dentro de la nostalgia ochentera, su actividad sigue encendida. En 2022 lanzaron Diamond Star Halos, un disco elegante, ecléctico, con guiños al glam rock, al country (con Alison Krauss) y a su esencia más pura. Se sienten cómodos siendo clásicos y contemporáneos al mismo tiempo.

Lo sé de primera mano: Def Leppard tiene muchas de mis canciones favoritas. Y si los ves en vivo hoy, suenan incluso mejor. Generan entusiasmo. Conservan esa mezcla entre potencia y carisma que los hace inigualables. Mientras otras bandas parecen sombras de lo que fueron, ellos brillan con más fuerza, como si el escenario fuera una extensión natural de su cuerpo.

Además, y esto ya es un milagro, es de los pocos grupos de rock que puedo poner en la carretera sin que mi esposa Greis proteste. Al contrario: lo disfruta. Canta “Photograph”, “Love Bites” o “Two Steps Behind” como si los hubiera escuchado desde niña. Solo eso me ha pasado también con The Beatles, con Queen y con U2. Lo demás, lo tolera. Pero Def Leppard… lo celebra.

Hay quien dice que el rock murió. Def Leppard responde llenando estadios, vendiendo su propia cerveza, grabando con pasión y demostrando que la autenticidad conserva vigencia. Ningún autotune reemplaza a una banda que ha sobrevivido la pérdida, la industria y el tiempo.

Escucharlos hoy es recordar que el rock puede ser emotivo, poderoso y humano.

Playlist recomendado: Rock Brigade, Bringin’ On the Heartbreak, Photograph, Rock of Ages, Foolin’, Too Late for Love, Animal, Love Bites, Pour Some Sugar on Me, Hysteria, Rocket, Let’s Get Rocked, Have You Ever Needed Someone So Bad, Slang, Kick.

When Love and Hate Collide es para Greis y Two Steps Behind para Alo.

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