viernes, 31 de julio de 2026

Déjalo ir. Placeres culposos.

Opinión Códigos de Poder por David Vallejo Cada verano pienso en Luis Miguel, los Beach Boys y principalmente los Red…

Por: Nosotros WebStaff , En: Códigos de poder Opinión , Día Publicado: 31 julio, 2026

David Vallejo
Opinión
Códigos de Poder
por David Vallejo

Cada verano pienso en Luis Miguel, los Beach Boys y principalmente los Red Hot Chili Peppers. Basta una tarde soleada, el pavimento hirviendo, las ventanas abiertas y el slap bass que entra golpeando el aire para que aparezca “Give It Away”. Entonces el cuerpo reconoce algo anterior a las palabras, una invitación a moverse, a celebrar y a desprenderse durante unas horas de todo aquello que pesa demasiado el resto del año.

“Give it away, give it away, give it away now”. En México podríamos completar la escena con aquella manera de saludar que se convirtió en contraseña del rock urbano, un despreocupado “quiúbole güey?” lanzado entre amigos, entre cervezas, guitarras y el humor irreverente de una generación que aprendió a mezclar la fiesta con la identidad. Los Chili Peppers llegaron desde otra ciudad y otra lengua, aunque transmitían el placer de pertenecer por unas horas a una pandilla donde el ritmo sustituye cualquier presentación formal.

“Give It Away” parece concebida para una celebración interminable, aunque encierra una idea bastante más profunda. Anthony Kiedis visitaba a la cantante alemana Nina Hagen cuando vio dentro de su clóset una chaqueta que le gustó especialmente. Hagen la tomó y se la regaló en ese instante. Kiedis trató de rechazarla porque era una prenda valiosa y pertenecía a ella, pero la cantante le explicó que entregar aquello que apreciamos impide que la energía quede estancada y permite que continúe circulando. De aquel gesto surgió una de las canciones más explosivas del rock, un himno sobre la generosidad interpretado por cuatro hombres que durante décadas estuvieron a punto de perderlo todo y lograron sobrevivir a sí mismos.

Ahí reside el misterio de los Red Hot Chili Peppers. Su música produce ganas de saltar, moverse, reunirse y sentir el verano sobre la piel, mientras sus mejores canciones hablan de adicción, soledad, muerte, culpa, recaídas y amigos desaparecidos. Pocas bandas han conseguido que el dolor posea semejante sentido del ritmo.

Su historia comenzó en Los Ángeles, en 1983, entre clubes pequeños, patinetas, punk, funk, mucho sudor y adolescentes convencidos de que la vida debía experimentarse con el volumen al máximo. Anthony Kiedis, Flea, Hillel Slovak y Jack Irons formaron una agrupación con un nombre deliberadamente absurdo, Tony Flow and the Miraculously Majestic Masters of Mayhem. Su primera presentación estaba prevista para una sola noche en la que Kiedis recitó versos rítmicos mientras los demás improvisaban y el público reaccionó con tal intensidad que aquella broma terminó convirtiéndose en una carrera de más de cuatro décadas.

Pronto adoptaron el nombre Red Hot Chili Peppers. Tocaban semidesnudos, utilizaban calcetines en lugares inesperados, mezclaban el funk de Parliament-Funkadelic con la velocidad del punk angelino y transformaban cada concierto en una descarga física. Antes de convertirse en músicos respetados fueron vistos como una banda de exhibicionistas irreverentes. La historia terminó dando la razón a la banda.

Flea, cuyo nombre verdadero es Michael Balzary, había nacido en Australia y soñaba con tocar jazz. Su primer instrumento serio fue la trompeta y escuchaba a Miles Davis, Dizzy Gillespie y Charlie Parker antes de aprender el bajo por insistencia de Hillel Slovak. Con los años convertiría ese instrumento en una voz propia. Golpea las cuerdas, las acaricia, construye melodías, deja silencios y sostiene canciones enteras mediante una mezcla de fuerza y sensibilidad. Miles de bajistas copiaron su técnica de slap.

Anthony Kiedis aportó otra clase de musicalidad. Su voz posee limitaciones evidentes y una identidad absoluta. Trata las sílabas como golpes de batería, convierte palabras extrañas en ritmo y puede pasar del juego verbal a una confesión dolorosa en cuestión de segundos. Su biografía también explica la tensión permanente entre euforia y tristeza. Creció en Hollywood al lado de su padre, actor ocasional y traficante de drogas, dentro de un ambiente donde la infancia terminó demasiado pronto. Aquella libertad precoz se transformó en dependencia, recaídas y años enteros vividos al borde del desastre.

El primer gran guitarrista de los Chili Peppers fue Hillel Slovak. Él enseñó a Flea a tocar el bajo y diseñó la combinación inicial de Hendrix, funk, rock pesado y punk. Su presencia marcó los primeros álbumes, especialmente Freaky Styley, producido por George Clinton, y The Uplift Mofo Party Plan, el único disco grabado por los cuatro integrantes originales.

El 25 de junio de 1988, Slovak murió por una sobredosis de heroína a los 26 años. Jack Irons, devastado por la muerte de su amigo, abandonó la banda, mientras Kiedis y Flea quedaron frente a una decisión que suele romper grupos, amistades y vidas…continuar.

Entonces apareció John Frusciante, un admirador de 18 años que conocía las canciones de Hillel casi nota por nota. También llegó Chad Smith, un baterista de Detroit con aspecto de integrante de una banda de hard rock y una pegada capaz de ordenar cualquier tormenta. Aquella alineación grabó Mother’s Milk en 1989 y, dos años después, creó una de las obras fundamentales del rock de los noventa.

Blood Sugar Sex Magik fue publicado el 24 de septiembre de 1991, el mismo día que Nevermind de Nirvana. Rick Rubin llevó a la banda a una mansión de Los Ángeles y eliminó el exceso de producción de sus trabajos anteriores, dejando espacio entre el bajo, la guitarra y la batería. Allí surgieron “Give It Away”, “Suck My Kiss”, “Breaking the Girl” y “Under the Bridge”.

Esta última canción cambió para siempre la percepción sobre el grupo. Kiedis había escrito un poema privado acerca de los días en que recorría Los Ángeles buscando heroína, aislado de sus amigos y acompañado únicamente por la ciudad. Rubin encontró el texto y lo convenció de compartirlo con los demás. Frusciante compuso una progresión delicada, Flea tocó con extraordinaria contención y el grupo conocido por sus bromas sexuales reveló una tristeza capaz de llenar arenas.

El éxito fue inmenso y también insoportable para Frusciante, quien abandonó la banda en plena gira japonesa durante 1992. Después vendrían años de adicción extrema, aislamiento y deterioro físico. Los Chili Peppers contrataron a Dave Navarro, guitarrista de Jane’s Addiction, y grabaron One Hot Minute. El álbum contiene grandes momentos, especialmente “Aeroplane” y “My Friends”, aunque la química había cambiado y el sonido se volvió más oscuro y pesado. Kiedis había recaído, Navarro también enfrentaba sus propias adicciones y la banda avanzaba sin rumbo claro.

La historia pudo terminar allí. Flea visitó a Frusciante después de su rehabilitación y le preguntó si deseaba regresar. El guitarrista lloró y de aquel reencuentro nació Californication en 1999, uno de los regresos más extraordinarios de la música popular.

“Scar Tissue”, “Otherside”, “Around the World”, “Road Trippin’” y “Californication” convirtieron a los Chili Peppers en una banda más grande. Las canciones conservaban el pulso del funk, aunque habían adquirido melancolía, armonías y una extraña serenidad. “Otherside” hablaba de la adicción que permanece esperando dentro de quien ha conseguido escapar; “Scar Tissue” transformaba las heridas en una melodía brillante, mientras “Californication” describía una cultura capaz de exportar sueños, cuerpos, fama, pornografía, cirugía y fantasías a todo el planeta.

Después llegaron By the Way y Stadium Arcadium. El primero mostró la faceta más melódica de Frusciante, influida por los Beatles, los Beach Boys, The Cure y las armonías vocales de los años sesenta. “Can’t Stop”, “The Zephyr Song”, “Dosed” y “Venice Queen” ampliaron los límites del grupo.

Stadium Arcadium, publicado en 2006, fue un álbum doble de 28 canciones y el mayor despliegue instrumental de su carrera. “Dani California”, “Snow”, “Tell Me Baby” y “Wet Sand” mostraron a cuatro músicos en la cima de su entendimiento. El álbum alcanzó el primer lugar en Estados Unidos y ganó el Grammy al mejor álbum de rock.

Frusciante volvió a marcharse. Josh Klinghoffer ocupó su lugar durante una década y participó en I’m with You y The Getaway. Este último, producido por Danger Mouse, ofreció una renovación interesante mediante canciones como “Dark Necessities”, “Go Robot” y “Goodbye Angels”. Klinghoffer enfrentó la tarea ingrata de sustituir a Frusciante que equivalía a entrar en una casa donde cada habitación conservaba el sonido del ausente. Su trabajo sostuvo a la banda, añadió texturas y permitió que continuara avanzando.

En 2019, Frusciante regresó una vez más. La alineación formada por Kiedis, Flea, Chad Smith y él, publicó en 2022 dos álbumes, Unlimited Love y Return of the Dream Canteen. Entre ambos suman 36 canciones. “Black Summer”, “Tippa My Tongue”, “The Heavy Wing” y “Eddie” muestran a unos músicos que siguen disfrutando la conversación entre sus instrumentos.

Los Red Hot Chili Peppers han vendido decenas de millones de discos, ingresaron al Salón de la Fama del Rock en 2012, ganaron premios Grammy y ayudaron a establecer un lenguaje que mezcló funk, punk, rap y rock alternativo mucho antes de que esa combinación se convirtiera en fórmula comercial. También grabaron álbumes irregulares, publicaron canciones prescindibles y repitieron algunos recursos hasta convertir California en territorio musical propio.

Su grandeza surge de esa imperfección. Flea pertenece a la élite histórica del bajo, Frusciante posee una sensibilidad capaz de volver inolvidable un acorde sencillo, Chad Smith sostiene todo con potencia y elegancia y Kiedis representa la pieza técnicamente más frágil y humanamente insustituible. Otro vocalista podría alcanzar notas más difíciles, aunque difícilmente conseguiría convertir aquella mezcla de deseo, culpa, fiesta, amistad y supervivencia en una identidad reconocible desde la primera sílaba.

Cada verano vuelvo a ellos porque su música conserva algo que los años suelen arrebatarnos, me refiero a la posibilidad de entregarnos al instante sin olvidar todo lo vivido. “Give It Away” sigue sonando como una celebración, aunque ahora percibo dentro de ella a Hillel Slovak, a Frusciante regresando de su propio abismo, a Flea salvando la banda mediante la amistad, a Chad manteniendo el pulso y a Kiedis convirtiendo sus cicatrices en canciones.

Para mí Red Hot Chili Peppers pertenecen al verano. Representan el calor, el movimiento, la piel, las carreteras, la cerveza fría y las reuniones donde hay quien saluda con un “¿quiubole, güey?” mientras sube el volumen. También pertenecen a ese momento de la tarde en que el sol comienza a bajar y la alegría adquiere una pequeña sombra, cuando la música continúa, alguien reconoce los primeros acordes y durante unos minutos sentimos que todavía podemos desprendernos de aquello que pesa, entregarlo a la noche y dejarlo circular mientras seguimos moviéndonos…Give it away.

Playlist recomendado: Under the Bridge, Californication, Give It Away, Scar Tissue, Can’t Stop, Otherside, Snow (Hey Oh), By the Way, Dani California, Soul to Squeeze, The Zephyr Song, Around the World, Breaking the Girl, Parallel Universe, Wet Sand, Dosed, Don’t Forget Me, Aeroplane y Higher Ground.

Hard to Concentrate para Greis y Road Trippin’ para Alo.