Dulce, truco y power metal.
Opinión Códigos de Poder por David Vallejo Un científico fabrica políticos, un músico escribe un himno para marcharse de su…
Un científico fabrica políticos, un músico escribe un himno para marcharse de su grupo y termina cantándolo cuando regresa, tres vocalistas aprenden a compartir el escenario y una calabaza consigue sobrevivir a cuatro décadas de pleitos. La historia de Helloween tiene suficientes ingredientes para entretener incluso a quienes consideran que una guitarra eléctrica debería venir con un límite de volumen.
En mi lista de grupos de metal favoritos, estos alemanes aparecen inmediatamente después de Iron Maiden y Metallica. Octubre les pertenece por derecho de calabaza, aunque detrás del nombre y la imagen hay una banda que ayudó a definir el power metal europeo, una combinación de velocidad, melodía y voces capaces de hacer que uno cante con entusiasmo bastante antes de descubrir sus limitaciones.
El nombre surgió de una película de terror. Según ha contado Kai Hansen, el baterista Ingo Schwichtenberg propuso Halloween después de verla, y el grupo cambió la “a” por una “e” para introducir hell, infierno, en la palabra. Hansen y Michael Weikath imaginaron después una calabaza en lugar de la “o”. Con una letra cambiada y una hortaliza encontraron una identidad que todavía funciona, un resultado que algunas empresas siguen buscando después de gastar fortunas en consultores.
La banda nació en Hamburgo en 1984 con Hansen en guitarra y voz, Weikath en la otra guitarra, Markus Grosskopf en el bajo y Schwichtenberg en la batería. Su primer álbum, Walls of Jericho, de 1985, tenía la velocidad y la aspereza del speed metal, pero cantar mientras tocaba aquellas composiciones exigía demasiado a Hansen. Buscaron un vocalista y encontraron a Michael Kiske, quien llegó en 1986, todavía adolescente, con una voz que acabaría siendo inseparable de la historia del grupo.
Con él grabaron Keeper of the Seven Keys Part I y Part II, publicados en 1987 y 1988. Para entender su importancia basta imaginar guitarras que corren y se contestan, una batería que parece perseguirlas y, por encima, melodías que uno puede recordar después de escucharlas una vez. El power metal encontró allí una de sus expresiones decisivas, con canciones que podían durar trece minutos y estribillos capaces de convertir al público en un coro. Hansen quería un álbum doble, pero la discográfica rechazó la idea y terminaron publicándolo en dos entregas. Hasta las restricciones presupuestarias pueden contribuir a la historia de la música.
“Halloween” es la mejor puerta de entrada para estas fechas. Empieza con disfraces, dulces y niños que llaman a las casas, y acaba metida en una disputa por el destino del alma. Durante el recorrido aparecen Charlie Brown, Linus y la Gran Calabaza, de manera que los personajes de Peanuts terminan conviviendo con la salvación y la condena entre guitarras y cambios de ritmo. Son trece minutos en los que una noche de pedir golosinas adquiere consecuencias bastante mayores de las previstas por los padres de familia.
En “Dr. Stein”, un científico fabrica criaturas que terminan convertidas en músicos y políticos, hasta que el experimento se vuelve contra su creador. Weikath había pensado la canción casi como una broma para una cara B y acabó convertida en uno de sus sencillos conocidos. La ocurrencia tiene algo de Frankenstein y algo de comentario sobre la vida pública, aunque fabricar políticos en un laboratorio dejaría al menos la esperanza de encontrar al responsable y exigirle la garantía.
“I Want Out” lleva la rebelión a un terreno personal. Hansen escribió una canción sobre el derecho a decidir la propia vida mientras estaba agotado por las giras y descontento con el funcionamiento del grupo. Kiske puso la voz a aquella protesta y Hansen acabó marchándose para fundar Gamma Ray. Helloween siguió interpretándola y, años después, su autor regresó para cantarla con ellos. Hay pocas maneras tan musicales de revisar una renuncia.
Entre esas historias también aparecen preocupaciones que cualquiera puede reconocer. “Eagle Fly Free” enfrenta el vuelo de un águila con un mundo de armamento, pobreza y contaminación, mientras “Future World” imagina una convivencia sin miedo ni soledad. Bajo las fantasías hay deseos de libertad y pertenencia, preguntas sobre cómo vivir y la posibilidad de cantar juntos algo que, leído en silencio, podría parecer una preocupación privada.
Los noventa trajeron cambios de sonido, desacuerdos y la salida de Kiske en 1993. Al año siguiente llegó Andi Deris, procedente de Pink Cream 69, y con Master of the Rings comenzó la etapa más larga de la banda. Su voz, más rugosa, podía encarnar al presumido de “Perfect Gentleman” y después entrar en el desconsuelo de “Forever and One”, una balada sobre la separación. Quienes asocian esta música exclusivamente con monstruos y gritos pueden empezar por ahí, donde el corazón roto tiene tanto protagonismo como las guitarras.
Con los años se formaron bandos entre los admiradores de Hansen, los defensores de Kiske y quienes habían descubierto al grupo con Deris. La solución llegó en 2017, cuando Hansen y Kiske regresaron para sumarse a los músicos que habían mantenido viva la banda. Los tres cantantes podían compartir escenario mientras sus seguidores seguían discutiendo cuál era el mejor. En ocasiones, los protagonistas superan un conflicto antes que el público.
México presenció el comienzo de esa reconciliación. La gira Pumpkins United arrancó el 19 de octubre de 2017 en el Escena de Monterrey, donde las distintas épocas de Helloween volvieron a encontrarse frente a sus admiradores. La formación reunió a Kiske y Deris en las voces, Hansen también cantando y tocando la guitarra junto con Weikath y Sascha Gerstner, Grosskopf en el bajo y Dani Löble en la batería. Siete músicos y tres maneras de cantar una misma historia, con la ventaja adicional de que alguien puede tomar aire mientras otro se ocupa de los agudos.
Hubo también una manera de recuperar a quien faltaba. Para grabar Helloween, publicado en 2021, localizaron la antigua batería de Schwichtenberg, fallecido en 1995. Kiske contó que la pista apareció gracias a un encuentro con un admirador mientras compraba en Hamburgo. El instrumento volvió a sonar en el estudio, incorporando a la reunión algo que pertenecía al compañero ausente. Después de tantas separaciones, aquella batería permitía escuchar una continuidad que ninguna fotografía habría podido devolverles.
En agosto de 2025 publicaron Giants & Monsters, el segundo álbum de esta formación de siete integrantes. Löble utilizó tres baterías diferentes para buscar el sonido de las canciones, una muestra de que todavía encuentran motivos para experimentar después de cuatro décadas. La calabaza sigue teniendo planes.
Helloween merece acompañar este octubre por sus canciones y por esa mezcla de imaginación, humor y terquedad que les permitió seguir haciendo música juntos. Entre científicos irresponsables, deseos de libertad y antiguos compañeros que aprendieron a escucharse, hay bastante vida dentro de sus fantasías. Recomiendo empezar con “Halloween” completa, concederle sus trece minutos y subir el volumen con prudencia. La reconciliación con los vecinos todavía depende de cada quien.
Playlist recomendado: Halloween, Keeper of the Seven Keys, Eagle Fly Free, I Want Out, Future World, Dr. Stein, March of Time, A Tale That Wasn’t Right, Forever and One (Neverland), Power, The Time of the Oath y Skyfall.
Hold me in your arms para Greis y Future World para Alo.
