viernes, 24 de julio de 2026

La reina del pop. Placeres culposos.

Opinión Códigos de Poder por David Vallejo Mi primer recuerdo de Madonna aparece durante la graduación de primaria. Mientras los…

Por: Nosotros WebStaff , En: Códigos de poder Opinión , Día Publicado: 23 julio, 2026

David Vallejo
Opinión
Códigos de Poder
por David Vallejo

Mi primer recuerdo de Madonna aparece durante la graduación de primaria. Mientras los adultos conversaban y nosotros celebrábamos el final de aquella etapa, una pantalla proyectaba el video de Cherish. Entonces resultaba imposible imaginar que aquella mujer seguiría apareciendo, una y otra vez, durante las siguientes cuatro décadas.

Poco después llegó Vogue. MTV lo repetía varias veces al día entre Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden y Alice in Chains. Mientras el grunge convertía la inconformidad en banda sonora de toda una generación, Madonna respondía con elegancia, coreografías geométricas y una estética inspirada en el viejo Hollywood. Parecía venir de otro universo y, aun así, dominaba el mismo momento.

En tercero de secundaria vi la película Con honores. Al terminar la película comenzó a sonar I’ll Remember. Aquella balada tenía una serenidad distinta a todo lo que había grabado antes. Con el tiempo descubrí que las mejores canciones siempre encuentran el momento exacto para instalarse en la memoria.

Después apareció Erotica, justamente cuando la adolescencia comenzaba a formular preguntas que todavía carecían de respuesta. Millones de jóvenes descubrieron la sexualidad al mismo tiempo que una mujer desafiaba los límites de la televisión, la publicidad, la religión y la moral dominante. Aquellas imágenes escandalizaron a muchos adultos. Para una generación completa significaron otra cosa. Demostraban que el cuerpo, el deseo y la libertad también podían discutirse desde el arte durante la edad de la punzada.

Los primeros años universitarios llegaron acompañados por Ray of Light. La provocadora de los años ochenta reapareció convertida en una artista introspectiva, electrónica y espiritual. Había estudiado canto para interpretar a Eva Perón, se había convertido en madre y acababa de grabar uno de los discos más influyentes de la música contemporánea. Frozen, The Power of Good-Bye y la propia Ray of Light sonaban como si pertenecieran al futuro.

Muchos años después apareció en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl. Hace apenas unos días volvió a conquistar las listas internacionales con Confessions II y millones de personas la vieron en el primer espectáculo de medio tiempo organizado para una final de la Copa Mundial de futbol.

La vida había seguido su curso. Madonna también. Mientras cambiaban las escuelas, los amigos, los trabajos, las ciudades, los formatos para escuchar música y hasta la forma de entender el mundo, ella continuaba encontrando la manera de sorprender.

Pocas trayectorias permiten recorrer con tanta claridad la historia reciente de la cultura popular. Madonna Louise Ciccone nació en Michigan en 1958. Perdió a su madre cuando apenas tenía cinco años, estudió danza, abandonó la universidad y llegó a Nueva York decidida a abrirse camino. Tocó batería, bailó en pequeños escenarios, pasó dificultades económicas y terminó firmando con Sire Records, una decisión que modificaría para siempre la historia del pop.

Su talento iba mucho más allá de cantar. Comprendía el momento cultural antes que la mayoría. Detectaba tendencias cuando todavía pertenecían a unos cuantos, reunía a los mejores fotógrafos, diseñadores, productores y cineastas, construía una identidad visual completa para cada álbum y, cuando el público comenzaba a acostumbrarse a ella, ya estaba preparando la siguiente transformación.

Cada etapa tuvo un lenguaje propio. Like a Virgin redefinió la imagen de la estrella pop femenina. True Blue la convirtió en una figura global. Like a Prayer mezcló religión, memoria familiar y libertad con una audacia pocas veces vista en un videoclip. Blond Ambition transformó para siempre la manera de concebir un concierto. El corsé diseñado por Jean Paul Gaultier terminó convertido en uno de los símbolos culturales del siglo pasado. Erotica y el libro Sex llevaron la conversación sobre sexualidad a un terreno que la industria jamás había explorado con semejante intensidad. Ray of Light demostró que una artista cercana a los cuarenta años todavía podía reinventar el sonido del pop. Confessions on a Dance Floor devolvió la música disco al centro de la conversación mundial cuando parecía pertenecer únicamente a la nostalgia.

Su capacidad para anticipar el futuro resulta extraordinaria. Antes de que la imagen adquiriera el mismo peso que la música, Madonna ya entendía el videoclip como una obra artística. Antes de que los conciertos se convirtieran en experiencias teatrales, ella dividía sus espectáculos en actos con narrativa propia. Antes de que las grandes estrellas hablaran de estrategia de marca, control creativo o propiedad intelectual, había fundado Maverick, una compañía desde la cual impulsó carreras tan importantes como la de Alanis Morissette.

Las cifras ayudan a comprender la dimensión del fenómeno. Guinness World Records la reconoce como la artista femenina con mayores ventas discográficas de todos los tiempos. Billboard la sitúa como la mujer más importante en la historia del Hot 100 y la segunda figura más grande de esa lista, únicamente detrás de The Beatles. Ningún otro artista ha conseguido cincuenta primeros lugares dentro de la clasificación Dance Club Songs. Suma siete premios Grammy, dos Globos de Oro, un lugar en el Salón de la Fama del Rock and Roll y álbumes número uno distribuidos a lo largo de cinco décadas diferentes.

Las estadísticas, sin embargo, explican únicamente una parte de la historia. Su principal aportación consistió en cambiar las reglas del juego. Después de Madonna, una cantante podía dirigir su carrera, negociar contratos desde una posición de fuerza, construir personajes distintos para cada disco, convertir la moda en un lenguaje artístico, provocar debates sobre religión, política, sexualidad o igualdad y conservar el control de su obra.

Britney Spears, Beyoncé, Lady Gaga, Rihanna, Katy Perry, Dua Lipa, Rosalía, Taylor Swift y prácticamente cualquier estrella pop contemporánea desarrollaron su carrera dentro de un escenario que Madonna ayudó a construir, por eso es y será por siempre la Reina del Pop.

También cambió la conversación alrededor de la edad. Durante décadas cada fotografía, cada arruga, cada cirugía, cada vestuario y cada aparición pública fueron examinados con una severidad que rara vez enfrentaron los músicos varones de su generación. Ella respondió permaneciendo sobre el escenario.

En 2023 una infección bacteriana grave puso en riesgo su vida. Muchos pensaron que aquella sería la despedida. Meses después regresó con The Celebration Tour, una gira dedicada a cuarenta años de carrera que concluyó frente a alrededor de un millón seiscientas mil personas en la playa de Copacabana. La imagen tenía algo profundamente simbólico. La artista que había convertido la reinvención en una forma de vida terminaba celebrando todas sus versiones al mismo tiempo.

Quizá por eso resulta tan fácil encontrar un recuerdo personal asociado con alguna de sus canciones. Cada generación posee una banda sonora. Algunas también encuentran un rostro capaz de acompañarla durante buena parte de la vida. Para muchos de nosotros ese rostro fue Madonna.

A veces basta escuchar Cherish para volver durante unos segundos a la graduación de primaria. Vogue conduce de nuevo a aquellas tardes frente a MTV. I’ll Remember abre la puerta de la adolescencia. Ray of Light conserva intacto el vértigo de los primeros años universitarios.

La memoria tiene esa extraña costumbre de esconderse dentro de una canción. Por eso Madonna siempre estuvo ahí y en realidad, quienes fuimos cambiando éramos nosotros.

Playlist recomendado: Holiday, Borderline, Like a Virgin, Material Girl, Into the Groove, Live to Tell, Papa Don’t Preach, La Isla Bonita, Like a Prayer, Express Yourself, Vogue, Justify My Love, I’ll Remember, Take a Bow, Frozen, Ray of Light, Music, Hung Up, Medellín y Bring Your Love.

I’ll Remember para Greis y Cherish para Alo.K