Meloni marca distancia: “Italia no está en guerra ni quiere entrar”
La primera ministra italiana blinda el uso de bases estadounidenses ante la escalada en Oriente Próximo y se alinea con la cautela de España.

En un contexto de creciente volatilidad internacional, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha roto su hermetismo de los últimos días para lanzar un mensaje de calma a una ciudadanía cada vez más ansiosa por la escalada militar. En una reciente entrevista radiofónica, la líder de Fratelli d’Italia fue tajante: “No estamos en guerra, ni queremos estar en ella”. Esta declaración busca mitigar la hostilidad de la opinión pública italiana hacia el conflicto en Oriente Próximo y recalcar que Roma no busca una implicación directa en la ofensiva liderada por la administración de Donald Trump.
Meloni, quien ha evitado comparecer personalmente ante el Parlamento —delegando dicha tarea en sus ministros de Defensa y Exteriores hasta el próximo 18 de marzo—, enfrenta el reto de mantener su rol de puente entre la Unión Europea y Washington. Sin embargo, la crisis del derecho internacional y la presión interna han obligado a la mandataria a matizar su respaldo incondicional a sus aliados transatlánticos.
El enigma de las bases militares: Acuerdos de 1954 bajo la lupa
Uno de los puntos más críticos de la agenda soberanista de Meloni ha sido el estatus de las bases militares estadounidenses en suelo italiano. Siguiendo la línea marcada por el gobierno español de Pedro Sánchez, Meloni aclaró que el uso de estas instalaciones debe ceñirse estrictamente a lo que “prevén los acuerdos bilaterales”. La primera ministra recordó que los tratados firmados en 1954 contemplan únicamente autorizaciones logísticas y de repostaje, “operaciones que no incluyen bombardear”.
El ministro de Defensa, Guido Crosetto, calificó estos acuerdos —rodeados históricamente de un halo de misterio— como “idénticos” a los que posee España. No obstante, Meloni subrayó que cualquier solicitud extraordinaria de Estados Unidos que exceda lo pactado tendría que ser sometida al voto del Parlamento. Aunque su gobierno goza de una mayoría sólida, el costo político de una participación activa en bombardeos estratégicos desde territorio nacional parece ser un riesgo que la líder italiana no está dispuesta a correr por ahora.
Misiones de defensa y la crítica de la oposición
Pese al discurso de no intervención bélica, Italia no permanecerá ausente del tablero. El Ejecutivo ha confirmado que enviará ayuda en defensa aérea a los países del Golfo y colaborará con españoles y franceses en el despliegue de apoyo en Chipre. Esta postura ha sido duramente criticada por la oposición progresista. Lia Quartapelle, del Partido Democrático, señaló que, a diferencia de Italia, el presidente español ha puesto un límite claro con su crítica abierta, mientras que Roma se refugia en acuerdos secretos cuya interpretación bajo la administración Trump genera incertidumbre.
La estrategia de Meloni parece ser clara: ejercer una neutralidad técnica que cumpla con los compromisos de la OTAN sin arrastrar al país a una guerra abierta. En un momento donde el sistema internacional parece fracturarse, Italia intenta proteger su soberanía y la seguridad de sus ciudadanos, manteniendo las bases americanas como puntos de apoyo logístico, pero no como plataformas de ataque directo.
