sábado, 25 de abril de 2026

REencuentro, REvivir, REsonancia.

Mientras muchos buscaban encajar en un género, ellos decidieron construir uno que lo mezclabas todo

Por: Nosotros WebStaff , En: Códigos de poder Opinión , Día Publicado: 3 abril, 2026

Código de poder. -DavidVallejo

Cada vez que busco volver a mi pasado pongo mi álbum preferido en español, Re de Café Tacvba. Lo escucho completo, como se recorren los lugares a los que uno quisiera volver porque dejaron huella. Cada canción abre una puerta distinta y, al cruzarla, aparecen voces, calles, tardes interminables y amigos que siguen habitando esa frecuencia, una versión de mí que respira dentro de esas melodías. Regreso a los años de MTV, de secundaria y prepa, al pulso del rock en español, a esa emoción intensa de sentirse orgulloso de lo que se hacía en México, de lo que se creaba con identidad y ambición al mismo tiempo.

Ese disco me provoca asombro, alegría, vértigo y memoria. Si el destino exigiera elegir un solo álbum en español para llevar a una isla desierta, la elección sería clara, Re. Porque suena a un México misterioso, mágico, urbano, rural y vibrante. Abril, el mes de mi cumpleaños y siempre me impone una pausa inevitable. El tiempo se vuelve visible, el pasado se ordena y el futuro me exige carácter y madurez. La manera de tomar ánimo surge en automático, celebrar la vida escuchando REpetidamente Re.

Entonces aparece la historia. Más que como una cronología fría, como una corriente subterránea que atraviesa décadas. Finales de los ochenta, Ciudad Satélite, cuatro jóvenes deciden que la música puede ser otra cosa. Rubén Albarrán, con una voz capaz de mutar de la ternura al delirio y con una creatividad desbordante. Emmanuel del Real, arquitecto de atmósferas que respiran. Joselo Rangel, genialidad y guitarra que narra. Quique Rangel, pulso preciso que sostiene todo. Cuatro caminos, cuatro identidades distintas, una intuición compartida y un amor inmenso por el arte, por el diseño, por la estética, por las letras y por la música.

Desde el inicio rompieron con la lógica de las etiquetas. Mientras muchos buscaban encajar en un género, ellos decidieron construir uno que lo mezclabas todo. Rock con son jarocho, punk con bolero y electrónica con tradición popular. Una mezcla que, en manos equivocadas, habría resultado caótica, pero que en ellos encontró una coherencia profunda.

El primer disco presentó la idea. Re la convirtió en manifiesto y obra de arte. Cada canción representa un universo distinto. “Las Flores”, amor que roza lo espiritual. “El Baile y el Salón”, una nostalgia que se mueve. “La Ingrata”, juego de ironía y exceso. “El Puñal y el Corazón”, raíz recuperada con una elegancia brutal. El álbum se despliega como un mapa emocional de ritmos, música y letras que resisten el paso del tiempo.

Café Tacvba tomó la identidad mexicana y la llevó a una conversación global, sin concesiones, con una claridad estética difícil de replicar.

Después vino Avalancha de Éxitos, reinterpretando canciones ajenas con personalidad contundente. Revés/Yo Soy rompió cualquier expectativa al dividirse entre lo instrumental y lo íntimo. Cuatro Caminos consolidó su alcance internacional con una madurez sonora impresionante. Sino exploró nuevas texturas. El Objeto Antes Llamado Disco replanteó la relación entre banda y proceso creativo. Jei Beibi demostró vigencia en un entorno donde muchas bandas de su generación ya vivían de la nostalgia.

En paralelo, las canciones se volvieron parte de la vida colectiva. “Eres”, aunque no figure entre mis favoritas, se instaló como una de las declaraciones de amor más limpias en español. “Como te extraño mi amor” adquirió una dimensión emocional que trasciende su origen. “Volver a Comenzar” dialoga con la idea de reinicio permanente. Cada tema encuentra un lugar en la memoria de quien lo escucha.

Los logros formales resultan evidentes. Premios, reconocimientos, giras internacionales y la influencia en generaciones completas. Sin embargo, el verdadero logro habita en otro lugar, su calidad y su capacidad de permanecer, evolucionar y sostener una conexión auténtica con el público a lo largo de décadas sin diluir su identidad.

Existen detalles que revelan su esencia. Rubén Albarrán cambia de nombre en cada etapa, como si cada disco exigiera una nueva vida. La banda conserva su alineación original, algo excepcional en el rock. Decisiones conscientes los alejaron de fórmulas comerciales que habrían garantizado popularidad inmediata, pero habrían comprometido su lenguaje.

Café Tacvba suena contemporáneo sin renunciar a su raíz. Por eso cada abril regreso a Re y pienso en mis raíces. Como un ejercicio de nostalgia y de claridad. El tiempo avanza, las prioridades cambian y la vida exige decisiones cada vez más complejas, mientras ese disco permanece como un punto de equilibrio.

Cierro los ojos y recuerdo su presentación en el Museo de Historia de Monterrey, en el marco del Festival Barrio Antiguo, o su concierto improvisado en el Café Iguanas con Celso Piña. También solo en mi habitación ensayando los pasos de baile de “Déjate caer”. Verlos con asombro en MTV o en su aparición con Paco Stanley. También escuchar, enamorado, “Las Flores”, o cantar a todo pulmón “Ojalá que llueva café”, de Juan Luis Guerra, al estilo tacubo en una misión de ayuda comunitaria en el sur del México mágico. Incluso acostado en el patio, mirando las estrellas y escuchando “La Locomotora”.

Y en medio de todo, cuando la memoria se activa y el futuro se asoma, esas canciones marcan el ritmo. Como si dentro de ellas existiera una versión más honesta de uno mismo, esperando el momento exacto para volver a salir.

Re representa un REencuentro que permite REvivir lo que parecía distante y descubrir que, en el fondo, todo sigue latiendo en una misma REsonancia.

Playlist para la ocasión: La Ingrata, Como te extraño mi amor, El Baile y el Salón, Las Flores, Chilanga Banda, Volver a Comenzar, Déjate Caer, Ojalá que llueva Café, Esa Noche, Rarotonga, El Aparato, Olita del Altamar, Trópico de Cáncer, La Locomotora, Futuro, El Fin de la Infancia, Cero y Uno y Puntos Cardinales.

Para Greis, “Las Flores”. Para Alo, “El fin de la infancia”.