Rod, el testigo de lo nuestro.
Esta Navidad quiero bailar con Greis en la sala. Lentos. Pegados. Con mis pasos torpes y mi falta absoluta de…

Esta Navidad quiero bailar con Greis en la sala. Lentos. Pegados. Con mis pasos torpes y mi falta absoluta de ritmo. Quiero que suene Rod Stewart, que la luz baje un poco y que el mundo pierda volumen. Busco ese instante sencillo en el que la vida se explica sola, cuando la música alcanza y la compañía también.
La voz de Rod Stewart entra así, directa, reconocible desde el primer segundo. Rasposa y cálida, cargada de experiencia. Canta para quedarse. Rock, soul, baladas, standards, villancicos. Todo fluye porque interpreta estados del alma.
Esa voz apareció temprano en mi historia con Greis. Con el viejo Rod sonando de fondo tomé la mano de ella en un pequeño restaurante de Ciudad Victoria y le propuse matrimonio. Un anillo en el bolsillo, nervios contenidos, bueno, no tanto, y una certeza serena sosteniendo el momento. Tiempo después, la misma voz acompañó el vals de nuestra boda, mientras bailábamos con ilusión en el patio de nuestra casa con el sonido fallando. Desde entonces sus canciones funcionan como un acceso directo. Al escucharlas regreso al punto exacto donde elegí amar.
Rod Stewart pertenece a una estirpe de artistas en paz con su recorrido. Su historia marca el tono. Hijo de un fontanero escocés, criado en Londres, pasó por una funeraria, midió tumbas, tocó la armónica en la calle y soñó con el futbol antes de elegir la música. Jeff Beck Group. Faces. El salto en solitario. Copacabana llena. El título de caballero. Todo suma, aunque lo esencial vive en otro sitio. Carisma sin pose. Elegancia extrafalaria sin cálculo.
Verlo en concierto acomodó todas las piezas. Casi ochenta años y una energía asombrosa. Cantaba con la voz intacta, se movía con ligereza y cerró la noche pateando balones al público, con la naturalidad de quien conserva el gusto por el juego. Muchos artistas preservan técnica. Otros cuidan imagen. Rod preservó voz, alegría y una vitalidad contagiosa.
Es un gran cantante. También es un cómplice. Un crooner de la calle. Un dandi del alma. Un futbolista que eligió la guitarra. Si tocara elegir compañía para una conversación honesta, una noche larga, una final deportiva o un viaje sin mapa, sería él.
Además, en los días complejos basta alguna de sus canciones para pensar en mi mujer, ajustar el ánimo y volver a encender la luz. En los días luminosos su voz amplifica la gratitud y recuerda la fortuna de caminar de la mano de mi esposa, de compartir su ternura, su creatividad y su forma generosa, a veces nerviosa, de entregarse siempre primero a los demás. Su vida me inspira. La admiro. La amo. Y le agradezco amor y apoyo.
Por eso esta Navidad pondré el álbum navideño de Rod, Merry Christmas, Baby. Bailaremos en la sala, con sonrisas y gratitud. Rod sonará mientras nuestro hogar respira con Alo apenada como testigo. Su voz quedará flotando en el aire, acompañando lo que somos.
Playlist recomendada
Maggie May, Have I Told You Lately, Sailing, Forever Young, You Wear It Well, Da Ya Think I’m Sexy?, The First Cut Is the Deepest, I Don’t Want to Talk About It, Tonight’s the Night, Young Turks, Reason to Believe, Some Guys Have All the Luck, Hot Legs, This Old Heart of Mine, You’re in My Heart, Downtown Train, Rhythm of My Heart, Baby Jane, Stay With Me y Handbags and Gladrags.
Have I told you Lately para Greis y Forever Young para Alo.
